EL
PÉNDULO DE LAS URNAS ANTE EL ABISMO DE LA CONFRONTACIÓN
Por: Edgar Ricardo Ardila
Profesor de gerencia, internacionalista y periodista
El
escenario político de cara a la segunda vuelta presidencial del próximo 21 de
junio* ha dejado de ser una simple contienda de programas para convertirse en
un tablero de polarización absoluta. Tras los resultados del domingo 31 de
mayo, la fotografía electoral no solo refleja un país partido geométricamente
en dos mitades, sino una nación suspendida en una tensa tregua donde las
matemáticas de los votos se cruzan de forma directa con la sombra de un nuevo
estallido social.
La
campaña de estas tres semanas definitivas ya no se librará en el terreno de la
retórica económica, sino en la capacidad de cada bloque para tramitar el miedo,
el orden y el deseo de cambio de una ciudadanía fatigada.
RESTREPO ADVIERTE QUE LA ECONOMÍA “ESTÁ DESTRUIDA” Y DENUNCIA PRESIONES DE GRUPOS ARMADOS EN EL PROCESO ELECTORAL
El exministro de
Hacienda y actual candidato a la vicepresidencia de Colombia por la oposición José
Manuel Restrepo aseguró hoy que la economía del país se encuentra en un estado
crítico y alertó sobre la falta de garantías democráticas ante la interferencia
de grupos criminales en los comicios.
Restrepo, quien
lideraría la política económica en un eventual gobierno de De la Espriella, fue
categórico al describir el panorama financiero heredado de la administración de
Gustavo Petro: “La economía está realmente en un severo proceso de destrucción”.
El proyecto de ley 223 que crea las Zonas de
Interés de Desarrollo Rural, Económico y Social (ZIDRES) representa una amenaza
al pretender legalizar la acumulación de baldíos, abrir la posibilidad a la
expropiación al considerar las ZIDRES como zonas de utilidad pública e interés
social y favorecer la concentración de la tierra.
Por supuesto que es urgente garantizar una
verdadera seguridad jurídica en torno a la propiedad de la tierra, pero no encaminada
a legitimar la expansión del latifundio sino a evitar un mayor detrimento del
patrimonio público, preservar la función social de los baldíos, facilitar el
acceso progresivo a los pobladores rurales y proteger el derecho al territorio
de los pueblos indígenas, las comunidades negras y los campesinos.