EL PÉNDULO DE LAS URNAS ANTE EL ABISMO DE LA CONFRONTACIÓN
La
campaña de estas tres semanas definitivas ya no se librará en el terreno de la
retórica económica, sino en la capacidad de cada bloque para tramitar el miedo,
el orden y el deseo de cambio de una ciudadanía fatigada.
1. La
radiografía numérica y el botín del centro
Con el
preconteo prácticamente cerrado, la ventaja inicial le pertenece a la
centroderecha, pero el margen es tan estrecho que impide cualquier
triunfalismo. Sobre una base de aproximadamente 23.8 millones de sufragios, la
distancia es de apenas 700,000 votos:
Abelardo de la Espriella: 43.72% (~10.4
millones de votos)
Iván Cepeda: 40.92% (~9.7 millones de
votos)
Con el
umbral de la victoria fijado en la frontera de los 12 millones de votos, la
Presidencia de la República depende enteramente de la decantación de una bolsa
de 3.7 millones de electores (15.4% del censo activo) que quedaron huérfanos
tras la primera vuelta: la votación de Paloma Valencia (~1.63 millones), el
caudal de Sergio Fajardo (~1.01 millones) y un remanente de fuerzas menores,
votos en blanco y nulos.
La
transferencia de este capital político no será automática ni lineal:
El techo de la derecha: El inmediato
respaldo de Paloma Valencia le asegura a De la Espriella un endoso orgánico de
entre el 80% y el 85% de sus electores. Con ello, el candidato arranca la
carrera hacia la segunda vuelta con un suelo flotante de 11.7 millones de
votos. Su reto es romper la resistencia de los sectores moderados urbanos y
reactivar la participación en sus fortines históricos de Antioquia y el Eje
Cafetero.
El dilema de la izquierda: Iván Cepeda
logró retener con disciplina la base histórica del Pacto Histórico, haciéndose
fuerte en el litoral Pacífico, el suroccidente y las zonas populares de Bogotá.
Sin embargo, su camino es más empinado: requiere capturar de forma prioritaria
el voto de Sergio Fajardo. Históricamente, este electorado de centro se
fragmenta en tercios: uno migra a la izquierda, otro se refugia en el
abstencionismo o el voto en blanco, y el último prefiere la ortodoxia económica
de la derecha. Cepeda necesita seducir al menos a la mitad de este millón de
profesionales y jóvenes urbanos si aspira a revertir la tendencia.
2. El
factor del estallido social: ¿cohesión o espanto?
La
variable más volátil del análisis es la narrativa de la resistencia civil y el
riesgo de un estallido en las calles ante un triunfo de la oposición, atizada
por los cuestionamientos del Ejecutivo al censo de la Registraduría y la
promesa de mano dura de De la Espriella. En la psicología del votante
colombiano, la amenaza de la parálisis social opera como un potente vector que
altera las matemáticas de las urnas de dos formas contrapuestas:
El
"Voto Útil de Protección"
Para las
clases medias, los sectores productivos y el empresariado, la advertencia de
bloqueos o de una resistencia que opaque los resultados institucionales es
interpretada como una amenaza directa a la estabilidad económica y a las
libertades individuales. Discursivamente asociado a la agenda de un comunismo
desestabilizador, este temor reduce a cero la abstención de los indecisos.
El
ciudadano que teme perder el orden y la libre movilidad tiende a alinearse
rápidamente con la opción que ofrece autoridad y control. Si la tensión en las
calles escala antes del 21 de junio, este fenómeno de conservación podría
otorgarle a De la Espriella el porcentaje de votos flotantes que le falta para
sellar el triunfo.
El
bumerán de la radicalización
Para la
campaña oficialista, la agitación social es un arma de doble filo. Por un lado,
la épica de defender los logros del Gobierno en las calles cohesiona y moviliza
con fervor a los sindicatos, las guardias indígenas y los movimientos
estudiantiles, garantizando una alta participación en la periferia. Por el otro
lado, esa misma efervescencia espanta al centro moderado.
Si el
electorado urbano no alineado asocia una eventual victoria de Cepeda con el
desabastecimiento, la confrontación civil o el desprecio por los cauces
legales, se refugiará en el voto en blanco o votará por la derecha buscando
protección.
Conclusión
La suerte
de la República en las próximas tres semanas dependerá de qué narrativa logre
imponerse. Si la campaña transcurre bajo el imperio de la deliberación
programática y el respeto a la institucionalidad, Iván Cepeda mantendrá una
ventana de oportunidad para ensanchar sus bases hacia la moderación.
Sin embargo, si la contienda se sumerge en la retórica del caos y la deslegitimación del sistema democrático, la historia electoral del país demuestra que el grueso del votante flotante prefiere el orden y la seguridad jurídica, un comportamiento que terminaría impulsando numéricamente a Abelardo de la Espriella hacia la Casa de Nariño. Los hilos del destino nacional demandan hoy prudencia de los líderes para evitar que la confrontación en las urnas se traslade de forma trágica a las calles.

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