martes, 2 de junio de 2026

Editorial: El péndulo de la política hoy

EL PÉNDULO DE LAS URNAS ANTE EL ABISMO DE LA CONFRONTACIÓN

Por: Edgar Ricardo Ardila
Profesor de gerencia, internacionalista y periodista

El escenario político de cara a la segunda vuelta presidencial del próximo 21 de junio* ha dejado de ser una simple contienda de programas para convertirse en un tablero de polarización absoluta. Tras los resultados del domingo 31 de mayo, la fotografía electoral no solo refleja un país partido geométricamente en dos mitades, sino una nación suspendida en una tensa tregua donde las matemáticas de los votos se cruzan de forma directa con la sombra de un nuevo estallido social.

La campaña de estas tres semanas definitivas ya no se librará en el terreno de la retórica económica, sino en la capacidad de cada bloque para tramitar el miedo, el orden y el deseo de cambio de una ciudadanía fatigada.

1. La radiografía numérica y el botín del centro

Con el preconteo prácticamente cerrado, la ventaja inicial le pertenece a la centroderecha, pero el margen es tan estrecho que impide cualquier triunfalismo. Sobre una base de aproximadamente 23.8 millones de sufragios, la distancia es de apenas 700,000 votos:

 Abelardo de la Espriella: 43.72% (~10.4 millones de votos)

 Iván Cepeda: 40.92% (~9.7 millones de votos)

Con el umbral de la victoria fijado en la frontera de los 12 millones de votos, la Presidencia de la República depende enteramente de la decantación de una bolsa de 3.7 millones de electores (15.4% del censo activo) que quedaron huérfanos tras la primera vuelta: la votación de Paloma Valencia (~1.63 millones), el caudal de Sergio Fajardo (~1.01 millones) y un remanente de fuerzas menores, votos en blanco y nulos.

La transferencia de este capital político no será automática ni lineal:

 El techo de la derecha: El inmediato respaldo de Paloma Valencia le asegura a De la Espriella un endoso orgánico de entre el 80% y el 85% de sus electores. Con ello, el candidato arranca la carrera hacia la segunda vuelta con un suelo flotante de 11.7 millones de votos. Su reto es romper la resistencia de los sectores moderados urbanos y reactivar la participación en sus fortines históricos de Antioquia y el Eje Cafetero.

 El dilema de la izquierda: Iván Cepeda logró retener con disciplina la base histórica del Pacto Histórico, haciéndose fuerte en el litoral Pacífico, el suroccidente y las zonas populares de Bogotá. Sin embargo, su camino es más empinado: requiere capturar de forma prioritaria el voto de Sergio Fajardo. Históricamente, este electorado de centro se fragmenta en tercios: uno migra a la izquierda, otro se refugia en el abstencionismo o el voto en blanco, y el último prefiere la ortodoxia económica de la derecha. Cepeda necesita seducir al menos a la mitad de este millón de profesionales y jóvenes urbanos si aspira a revertir la tendencia.

2. El factor del estallido social: ¿cohesión o espanto?

La variable más volátil del análisis es la narrativa de la resistencia civil y el riesgo de un estallido en las calles ante un triunfo de la oposición, atizada por los cuestionamientos del Ejecutivo al censo de la Registraduría y la promesa de mano dura de De la Espriella. En la psicología del votante colombiano, la amenaza de la parálisis social opera como un potente vector que altera las matemáticas de las urnas de dos formas contrapuestas:

El "Voto Útil de Protección"

Para las clases medias, los sectores productivos y el empresariado, la advertencia de bloqueos o de una resistencia que opaque los resultados institucionales es interpretada como una amenaza directa a la estabilidad económica y a las libertades individuales. Discursivamente asociado a la agenda de un comunismo desestabilizador, este temor reduce a cero la abstención de los indecisos.

El ciudadano que teme perder el orden y la libre movilidad tiende a alinearse rápidamente con la opción que ofrece autoridad y control. Si la tensión en las calles escala antes del 21 de junio, este fenómeno de conservación podría otorgarle a De la Espriella el porcentaje de votos flotantes que le falta para sellar el triunfo.

El bumerán de la radicalización

Para la campaña oficialista, la agitación social es un arma de doble filo. Por un lado, la épica de defender los logros del Gobierno en las calles cohesiona y moviliza con fervor a los sindicatos, las guardias indígenas y los movimientos estudiantiles, garantizando una alta participación en la periferia. Por el otro lado, esa misma efervescencia espanta al centro moderado.

Si el electorado urbano no alineado asocia una eventual victoria de Cepeda con el desabastecimiento, la confrontación civil o el desprecio por los cauces legales, se refugiará en el voto en blanco o votará por la derecha buscando protección.

Conclusión

La suerte de la República en las próximas tres semanas dependerá de qué narrativa logre imponerse. Si la campaña transcurre bajo el imperio de la deliberación programática y el respeto a la institucionalidad, Iván Cepeda mantendrá una ventana de oportunidad para ensanchar sus bases hacia la moderación.

Sin embargo, si la contienda se sumerge en la retórica del caos y la deslegitimación del sistema democrático, la historia electoral del país demuestra que el grueso del votante flotante prefiere el orden y la seguridad jurídica, un comportamiento que terminaría impulsando numéricamente a Abelardo de la Espriella hacia la Casa de Nariño. Los hilos del destino nacional demandan hoy prudencia de los líderes para evitar que la confrontación en las urnas se traslade de forma trágica a las calles.

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