Las cifras muestran
que hoy no lo es. Según la CEPAL, en la región las mujeres dedican casi el
triple de tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no
remunerado. Entre quienes tienen empleo, ellas suman entre 6 y casi 30 horas
más por semana a esas tareas.
Parte de esa
diferencia empieza el mismo día del nacimiento. De acuerdo con el boletín Tiempos
para cuidar en América Latina y el Caribe (CEPAL y OIT, 2025), 11 países de
América Latina tienen licencias de paternidad remuneradas de menos de 10 días y
solo 6 otorgan entre 10 y 15 días. En el Caribe la brecha es aún mayor: de 14
países, solo Surinam ofrece una licencia de paternidad remunerada, de ocho
días.
Las licencias
parentales, que permiten que cualquiera de los dos progenitores cuide al bebé
después de la licencia de maternidad o paternidad, son todavía más escasas. En
la región, solo Chile, Colombia, Cuba y Uruguay reconocen este derecho de forma
remunerada. En la práctica, la mayoría de los papás vuelve al trabajo cuando el
bebé apenas tiene unos días de nacido, y el cuidado de las semanas siguientes
queda, casi por defecto, en manos de la madre.
Para la CEPAL y la
OIT, esta situación refleja la división sexual del trabajo: la idea, todavía
arraigada, de que cuidar es responsabilidad de las mujeres. Por eso ambos
organismos recomiendan ampliar la licencia de paternidad remunerada, que sea
intransferible y financiada por la seguridad social, y avanzar hacia licencias
parentales que permitan a todos los progenitores ejercer su derecho a cuidar
sin temor a perder el empleo o los ingresos.
El impacto va más allá
de la equidad en casa. La OMS y UNICEF han señalado que los arreglos laborales
flexibles son importantes no solo para que las madres puedan amamantar, sino
también para que sus parejas puedan involucrarse en el cuidado del bebé y apoyar
la lactancia. Un estudio de la Universidad de Chile y el INTA encontró que la
participación del padre en tareas como cocinar, el aseo del hogar y el cuidado
del niño se asoció con una mayor duración de la lactancia materna.
En el día a día, eso
se traduce en tareas concretas. Una de las más repetitivas es lavar,
desinfectar y secar los biberones y las piezas del extractor después de cada
uso. Es una labor que se hace varias veces al día, de madrugada o entre
extracciones, y que muchas familias siguen haciendo a mano. Momcozy, marca
especializada en maternidad y lactancia, busca que esa parte de la rutina no
recaiga siempre en la misma persona. Con el KleanPal Pro, un equipo que lava,
esteriliza con vapor, seca y almacena biberones y piezas de extractor en un
solo ciclo automático, la marca propone que la limpieza deje de ser un
obstáculo para que el cuidado se reparta.
“La lactancia es mucho
más que el momento de amamantar: es una logística que no se detiene. Queremos
que los papás se sientan parte de ella desde el primer día, con tareas
concretas que les pertenecen. Si él se encarga de que todo esté limpio y listo,
o de la toma de la madrugada, ella gana descanso y los dos ganan tiempo con su
bebé”, dice Angélica Nieves, vocera de Momcozy para Latinoamérica.
Además de la limpieza,
hay otras tareas que un papá puede apoyar: armar el extractor antes de cada
sesión, etiquetar y guardar la leche, y llevar la cuenta de lo que hay en el
refrigerador o el congelador. Cuando hay leche extraída disponible, también puede
hacerse cargo de una de las tomas nocturnas para que la mamá duerma un bloque
de horas seguidas. Para esas tomas, Momcozy cuenta con un calentador portátil
que funciona con batería y lleva la leche refrigerada a temperatura corporal en
unos minutos, sin necesidad de ir a la cocina.
Hoy la tecnología
permite que tanto la mamá como el papá, y otros miembros de la familia,
participen de forma más sencilla en esa logística diaria. Que alguien más pueda
encargarse de dejar todo limpio y listo, o de calentar la leche a media noche,
libera tiempo y descanso. Y ese tiempo compartido es, muchas veces, lo que
permite que la lactancia se sostenga con más tranquilidad.

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