INCENDIO EN VILLA DE LEYVA AMENAZA A VENADOS, TIGRILLOS, FRAILEJONES Y OTRAS ESPECIES DEL SANTUARIO DE FAUNA Y FLORA IGUAQUE
● La emergencia ha afectado cerca de 1.4800 hectáreas, de las cuales aproximadamente 715 corresponden al Santuario de Fauna y Flora Iguaque. El incendio ocurre en un contexto preocupante para el país: 312 municipios se encuentran bajo alerta por incendios de cobertura vegetal, lo que evidencia que el riesgo se extiende mucho más allá de este territorio.

Aunque todavía no existe un balance oficial sobre la fauna afectada,
el incendio compromete hábitats de páramo y bosque altoandino del Santuario de
Fauna y Flora Iguaque, donde habitan especies como el venado coliblanco, el
tigrillo y el ulamá, además de más de 170 especies de aves, entre
ellas la pava andina, el águila paramuna y 19 especies de colibríes. El
Santuario también alberga nueve especies de frailejón, dos de ellas en
categoría de amenaza, incluido el frailejón tunjano, exclusivo de la
cordillera Oriental y en peligro de extinción.
A esta riqueza natural se suma la presencia de la orquídea Lepanthes
bachue, registrada en el Santuario y Villa de Leyva. La diversidad de
especies que habitan Iguaque hace que el impacto del incendio no pueda medirse
únicamente por el número de hectáreas afectadas. Además, la fauna más
visible no necesariamente es la más vulnerable: reptiles, anfibios,
pequeños mamíferos e invertebrados tienen menor capacidad de desplazamiento
frente al fuego y pueden quedar subrepresentados en los registros de rescate.
La pérdida y alteración de sus hábitats puede afectar la disponibilidad de
alimento, refugio y condiciones de reproducción, en ecosistemas cuya
recuperación puede tomar años.
“Cuando un incendio
llega a un ecosistema como Iguaque, no solo se pierde vegetación: se ponen en
riesgo especies y procesos ecológicos fundamentales. El Niño y la crisis
climática ya están generando condiciones de mayor riesgo en distintos
territorios del país. La amenaza está identificada; ahora Colombia debe
demostrar que puede prevenir y responder a tiempo, antes de que el daño ya esté
hecho”, afirma Laura Caicedo, Coordinadora de Campañas de Greenpeace
Colombia.
El caso de Iguaque también muestra por qué la prevención y la respuesta
temprana son indispensables. Cuando un incendio llega a zonas de alta montaña y
áreas protegidas, las condiciones del terreno dificultan el acceso por tierra y
aumentan la complejidad de la atención. Precisamente por eso, el país necesita
mayor capacidad anticipatoria, brigadas preparadas, coordinación institucional
y recursos suficientes antes de que el fuego escale.
La situación se presenta además en un contexto nacional de alta amenaza
por incendios de cobertura vegetal. Según el IDEAM, 312 municipios del país
se encuentran en algún nivel de alerta por condiciones que podrían favorecer la
ocurrencia o propagación de incendios: 91 en alerta roja, 127 en naranja
y 94 en amarilla. . Esto significa que existen 31 territorios donde las condiciones
meteorológicas y ambientales aumentan el riesgo. El último balance nacional
atribuido a la UNGRD reportaba 27 incendios forestales bajo seguimiento en
Colombia: 19 activos y 8 controlados, con Tolima como el departamento con
mayor número de emergencias activas.
Para Greenpeace, este escenario demuestra que Colombia no enfrenta una
única crisis de incendios, sino también una crisis de agua, de prevención y
coordinación institucional. Con 312 municipios en alerta por amenaza de
incendios de cobertura vegetal, el caso de Villa de Leyva e Iguaque muestra lo
que podría repetirse en muchos territorios si no se actúa antes.
El Niño ya llegó, los datos
existen y el riesgo está identificado. Lo que falta es fortalecer la capacidad
real de prevención y respuesta, coordinación efectiva
entre entidades nacionales y territoriales, mejorar el monitoreo y las alertas
tempranas, fortalecer las capacidades locales de las instituciones y la
ciudadanía, proteger los ecosistemas de alta montaña, fortalecer el presupuesto
de Parques Nacionales Naturales y garantizar recursos suficientes para
responder oportunamente a las emergencias.
También será fundamental realizar una evaluación ambiental integral una
vez el incendio sea controlado, que permita establecer con mayor precisión los
impactos sobre la fauna, la flora, los suelos, las fuentes hídricas, la calidad
de los suelos y los ecosistemas afectados, así como definir las medidas
necesarias para su recuperación.
“Iguaque es mucho más que las hectáreas que hoy aparecen en un reporte de emergencia. Es el hogar de especies emblemáticas y un ecosistema clave para la seguridad hídrica de la región. Cuando el fuego y la crisis climática avanzan sobre nuestros bosques, también ponemos en riesgo el agua de nuestro futuro. Por eso, será fundamental conocer el impacto real, restaurar las zonas afectadas y evitar que situaciones como esta vuelvan a repetirse”, agrega Laura Caicedo, Coordinadora de Campañas para Greenpeace Colombia.
Para Greenpeace, proteger Iguaque significa proteger la
biodiversidad que habita el territorio y fortalecer la prevención para que los
incendios no sigan convirtiéndose en emergencias ambientales de gran magnitud.
El desafío no termina cuando se apagan las llamas: comienza también el proceso
de evaluar, restaurar y recuperar los ecosistemas afectados.
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