VIVIENDA TURÍSTICA, UNA OPCIÓN DE INGRESOS PARA EMPRENDEDORES DE LA TERCERA EDAD
John Jairo Rojas, un jubilado de 66 años,
encontró en la vivienda turística una forma de complementar sus ingresos y
generar oportunidades para trabajadores y comercios de su entorno.
Tenía entonces un pequeño apartamento en el
centro de Medellín. Aproximadamente un año después de jubilarse decidió
comenzar a recibir visitantes, y convertir ese espacio en una fuente adicional
de ingresos. Lo que inicialmente nació como una respuesta a una necesidad
personal terminó conectándolo con una actividad que mueve buena parte de la
economía cotidiana de la ciudad.
La dimensión del fenómeno ayuda a entender el
contexto. De acuerdo con el Sistema de Inteligencia Turística
y Entretenimiento (SITE) de Medellín, entre enero y mayo de 2026 la ciudad registraba 8.951 viviendas
turísticas con Registro Nacional de Turismo.
A diferencia de la imagen de grandes
inversionistas que a veces se asocia con la vivienda turística, historias como
la de John Jairo reflejan el perfil real de quienes abren las puertas de su
casa en Medellín: personas naturales, con un solo inmueble, que buscan
complementar sus ingresos.
La llegada de visitantes también mantiene una
dinámica creciente. Durante el primer semestre de 2026 ingresaron 1.003.756
pasajeros por el aeropuerto José María Córdova, de los cuales el 54,1 %
correspondió a visitantes no residentes, un crecimiento de 5,1 % frente al
mismo periodo de 2025 en total de pasajeros que ingresaron por la terminal
aérea.
En el caso de John Jairo, una parte de esa
derrama económica llega directamente a su entorno. Una mujer que se encontraba
desempleada se encarga del aseo del apartaestudio entre una estadía y otra. Un
vecino del edificio, que trabaja como taxista, se convirtió en conductor de
confianza para algunos de sus huéspedes. Restaurantes, tiendas de barrio,
parqueaderos y domiciliarios también hacen parte de los servicios que utilizan
quienes llegan a hospedarse.
Incluso los trabajadores de vigilancia del
edificio terminan teniendo contacto con los visitantes y ayudándolos a
encontrar productos, servicios o información durante su estadía.
“Es un ganar-ganar”, explica John Jairo cuando
habla de la actividad y de las personas que terminan beneficiándose de ella.
Ese efecto adquiere otra dimensión cuando se
observa el peso que tiene el turismo en el mercado laboral de la ciudad. Según cifras de
la Alcaldía de Medellín, 91.861 personas estaban vinculadas al empleo turístico
en la ciudad a diciembre de 2025. La actividad, además, tiene una participación importante dentro
de la oferta de alojamiento, de acuerdo con cifras del sector recogidas por el
SITE, las viviendas turísticas representan alrededor del 48,2 % de esta oferta
y que se encuentra formalizadas a través del cumplimiento del Registro Nacional
de Turismo que es el mecanismo por el cuál se identifica y regula este tipo de
hospedajes turísticos.
La historia de John Jairo muestra nuevos
panoramas para la vivienda turística en Medellín, pues permite observar una
dimensión que puede perderse cuando el debate se mira únicamente desde las
cifras. Detrás de cada alojamiento hay personas que reciben ingresos,
trabajadores que prestan servicios y comercios que hacen parte de la
experiencia del visitante.
En una ciudad que continúa creciendo como destino turístico, el reto está también en entender cómo esos flujos económicos pueden convivir con los barrios y las comunidades que reciben a quienes llegan. Para John Jairo, la respuesta comenzó en una necesidad personal y terminó convirtiéndose en una actividad que, desde su experiencia, no solo le permitió complementar su jubilación, sino también hacer parte de una cadena económica que se extiende mucho más allá de las paredes de su apartamento.

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