Expertos advierten que el exceso de pantallas puede afectar el
desarrollo cognitivo, el sueño y las habilidades sociales durante la infancia.
Teniendo en cuenta que para tener un perfil en alguna de estas redes sociales hay que tener una edad establecida, sorprende cómo los más pequeños tienen ya un consumo regular de contenidos en redes, que oscila entre las 8 horas semanales y las 7 horas los fines de semana, sea a través de dispositivos propios (el 61% cuenta con esto), mediante su propio perfil (83%) o a través del perfil de sus padres, más común en niños de 6 a 9 años.
Parece inevitable, el celular se ha convertido en un compañero
permanente para muchos niños, sea para ver videos, jugar, hacer tareas o
entretenerse mientras los adultos trabajan. Pero los especialistas advierten
que una exposición excesiva durante los primeros años de vida puede tener
consecuencias importantes sobre el desarrollo cognitivo y emocional.
Durante la infancia, el cerebro necesita interactuar con el entorno para
desarrollar habilidades fundamentales como la atención, el lenguaje, la memoria
y el aprendizaje. Si gran parte de ese tiempo es reemplazado por contenidos
digitales altamente estimulantes, algunos de estos procesos pueden verse
afectados.
"En las primeras etapas del desarrollo, los niños necesitan
interactuar con el mundo para potenciar sus habilidades y procesos
cognitivos", explica Leydy Pinzón, docente del programa de Psicología de
UNICOC. "Cuanto más temprana sea la edad de inicio y mayor el tiempo de
uso, mayor será el riesgo. La supervisión de los padres y cuidadores es
fundamental para el establecimiento de límites y el acompañamiento en su uso
moderado".
Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es la capacidad
de atención. Los contenidos digitales suelen caracterizarse por cambios rápidos
de imagen, sonido y estímulos que pueden dificultar que los niños mantengan la
concentración durante actividades que requieren mayor tiempo y esfuerzo, como
seguir instrucciones, leer o participar en clase.
El desarrollo del lenguaje también puede verse comprometido cuando
disminuyen los espacios de interacción con otras personas, pues conversar,
jugar, hacer preguntas o escuchar historias son experiencias que fortalecen la
comunicación y que difícilmente pueden ser reemplazadas por una pantalla.
Además, la memoria y el aprendizaje se fortalecen mediante rutinas,
juegos, experiencias repetidas y la exploración del entorno. Son actividades
que, si se desplazan por el uso excesivo del celular, el desarrollo cognitivo
puede resentirse.
Los efectos también suelen reflejarse en el comportamiento cotidiano.
Algunas señales son irritabilidad cuando se retira el dispositivo, ansiedad,
aislamiento social, disminución del rendimiento escolar o quedarse despiertos
hasta altas horas de la noche usando el celular o preferir el dispositivo en
lugar de jugar presencialmente con amigos o compartir tiempo en familia.
Aunque muchas veces el debate se centra únicamente en el número de horas
frente a la pantalla, la experta señala que en que el impacto depende de factores
como el tiempo de uso, el contenido que consumen los niños y la manera en que
utilizan el dispositivo.
Según explica la experta de UNICOC, un uso prolongado puede favorecer el
llamado "enganche digital", en el que los menores pierden la noción
del tiempo y empiezan a desplazar actividades esenciales como dormir, hacer
ejercicio, jugar, estudiar o compartir con otras personas. A esto se suma el
acceso a contenidos que no siempre son apropiados para su edad y que pueden
influir en la forma como construyen su autoestima o se relacionan con los
demás.
El uso excesivo del celular también repercute en otros aspectos de la
salud. La exposición a la luz azul durante la noche puede retrasar la
producción de melatonina y afectar la calidad del sueño. Asimismo, el
sedentarismo aumenta, disminuyen las oportunidades de interacción cara a cara y
pueden aparecer dificultades en la atención, la memoria y la comprensión
lectora que terminan reflejándose en el desempeño escolar.
Para enfrentar estos desafíos, no hay que entrar a prohibir
completamente la tecnología. La experta en psicología recomienda enseñar a
utilizarla de forma responsable desde edades tempranas, teniendo en cuenta los
siguientes tips:
·
Dar ejemplo: si se
comparte en familia o con otros mostrar que la interacción con otros se
prioriza ya que los niños imitan lo que ven en adultos.
·
Zonas y horarios
libres de pantallas: comedor, habitaciones, 1 hora antes de dormir.
·
Acompañamiento activo:
ver contenidos juntos, conversar sobre lo que se ve y reflexionar sobre ello.
·
Reglas claras y
flexibles: acordar tiempos de uso según edad y explicar el “por qué” de los
límites.
·
Crear alternativas
atractivas para cada niño: deporte, lectura, arte, juego libre.
·
Haga participe al niño
en las reglas esto aumenta la aceptación y reduce los conflictos ya que eran
consecuencias que se habían establecido con anterioridad.
“A quienes han sentido frustración y enojo por el uso excesivo del
celular en los niños y piensan que es una batalla perdida, es importante
reconocer que no hay una guerra, por eso no hay ninguna batalla perdida, pero sí
hay unos desafíos y alertas muy importantes a abordar de formar prioritaria y
directa”, concluye Pinzón.

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