domingo, 19 de julio de 2026

Editorial: Instalación del Congreso de la República para el periodo legislativo 2026-2027

 FRACTURAS Y AJEDREZ ECONÓMICO: EL PULSO POR EL CONTROL DEL CONGRESO EN LA ERA DE LA ESPRIELLA

Por: Edgar Ricardo Ardila
Excandidato al Senado, 
profesor de gerencia, 
internacionalista y periodista

Este 20 de julio, el Capitolio Nacional no será el escenario de un protocolario desfile patrio; será un auténtico reto político. La instalación del Congreso de la República para el periodo legislativo 2026-2027 define mucho más que unas mesas directivas. Lo que se juega en el fondo es la primera medición de aceite entre el uribismo tradicional, las huestes del nuevo presidente electo, Abelardo de la Espriella, y unas bancadas técnicas dispuestas a cobrar caro su peso estratégico en las comisiones donde se maneja la chequera del país.

Aunque los acuerdos de pasillo intentan maquillar una falsa unanimidad, las votaciones de hoy se resolverán a «voto limpio» en medio de fuertes fracturas internas y un botín judicial latente.

 Los retratos sin retoque: El norte de las presidencias

En el Senado, el camino parece pavimentado para Alfredo Deluque Zuleta (Partido de la U). Hijo del cacique guajiro Hernando Deluque Freyle, el candidato oficialista es un cirujano de la filigrana política y del intercambio de favores que ya manejó los hilos de la Cámara en 2015. Con el guiño directo de la Casa de Nariño entrante, Deluque amarra una coalición de 53 votos —justo el umbral de la mayoría— que incluye a liberales, conservadores y militantes de Salvación Nacional.

El verdadero drama, sin embargo, se vive en la Cámara de Representantes con Nicolás Barguil Cubillos (Partido Conservador). Primo del exsenador David Barguil —el barón electoral cordobés salpicado en el escándalo de las marionetas de Mario Castaño—, Nicolás representa al ala  agroindustrial del Caribe.

A pesar de su cercanía con el abelardismo, Barguil llega debilitado por una feroz fractura interna dentro del Partido Conservador. Las bancadas del interior del país se rebelaron a última hora, montando las candidaturas alternativas de Julio Roberto Salazar (Cundinamarca) y Delcy Isaza (Tolima). Esta canibalización azul, demuestra que la colectividad está fracturada en su base por definir quién se queda con el trozo más grande del pastel burocrático del nuevo gobierno.

Los pulsos de poder y la revancha judicial

Detrás de las sonrisas de instalación se esconden tres tensiones subterráneas:

   1. De la Espriella vs. Uribe (El parricidio político): El Centro Democrático decidió plantar cara postulando a Honorio Henríquez para el Senado. Álvaro Uribe Vélez envió un mensaje contundente: el uribismo pura sangre reclama el liderato por derecho propio al ser la bancada oficialista con más curules. Si De la Espriella prefiere sostener los votos de la maquinaria tradicional de Deluque por encima del purismo uribista, asistiremos al primer gran cisma de la derecha contemporánea. Una decisión y reacción difícil de comprender.

   2. La Comisión de Acusación: El botín real de la Cámara no es legislativo, es penal. El nuevo gobierno llega con sed de revancha jurídica contra Gustavo Petro y su círculo por la financiación de la campaña de 2022. Quien controle la presidencia de la Cámara, manejará el acelerador o el freno de la Comisión de Acusación, convirtiendo al Congreso en un tribunal de cuentas pendientes.

El búnker del dinero y el blindaje técnico de Cambio Radical

Lejos del ruido de las plenarias, el verdadero motor de la república estará en las Comisiones Económicas Conjuntas (Terceras y Cuartas), donde se tramitará la reforma tributaria de urgencia del nuevo ejecutivo. En un escenario de severa tensión fiscal, la aritmética es compleja: el Pacto Histórico  21 integrantes listos para hacer oposición férrea, frente a 15 del Centro Democrático, 13 del liberalismo y 10 del conservatismo.

En este ajedrez macroeconómico, Cambio Radical emerge como el jugador más robusto, técnico y propositivo de la coalición de gobierno. Lejos de actuar como una bancada transaccional, el partido se ha consolidado como el puente de estabilidad indispensable para el empresariado colombiano.

Históricamente poseedores de los cuadros más preparados en hacienda pública, sus seis miembros clave en las comisiones económicas —con figuras de la talla de Julio César Triana en la Cámara— serán los encargados de presidir y destrabar los consensos fiscales. El partido ya dio muestras de su peso estratégico y de su alianza programática al asegurar la designación de Elsa Noguera en el Ministerio de Transporte.

Cambio Radical no llega al Capitolio a reclamar burocracia menor; ejerce un rol de co-gobierno técnico que buscará moderar las propuestas del ejecutivo, garantizando que la nueva reforma tributaria se enfoque en el alivio de las tarifas corporativas y la seguridad jurídica para la inversión privada, alejando al país de la improvisación económica.

Las cartas están sobre la mesa. Si las maquinarias se tuercen en el voto secreto, el gobierno de De la Espriella nacerá herido. Si se imponen los acuerdos, Deluque y Barguil asumirán el trono, pero con la soga al cuello de un presidente hiperpresidencialista y unas comisiones económicas que no perdonarán el más mínimo error matemático.

No hay comentarios:

Publicar un comentario