FRACTURAS Y AJEDREZ ECONÓMICO: EL PULSO POR EL CONTROL DEL CONGRESO EN LA ERA DE LA ESPRIELLA
Aunque los acuerdos de pasillo intentan maquillar una falsa unanimidad, las votaciones de hoy se resolverán a «voto limpio» en medio de fuertes fracturas internas y un botín judicial latente.
Los retratos sin
retoque: El norte de las presidencias
En el Senado, el camino parece pavimentado para Alfredo
Deluque Zuleta (Partido de la U). Hijo del cacique guajiro Hernando Deluque
Freyle, el candidato oficialista es un cirujano de la filigrana política y del
intercambio de favores que ya manejó los hilos de la Cámara en 2015. Con el
guiño directo de la Casa de Nariño entrante, Deluque amarra una coalición de 53
votos —justo el umbral de la mayoría— que incluye a liberales, conservadores y
militantes de Salvación Nacional.
El verdadero drama, sin embargo, se vive en la Cámara de
Representantes con Nicolás Barguil Cubillos (Partido Conservador). Primo del
exsenador David Barguil —el barón electoral cordobés salpicado en el escándalo
de las marionetas de Mario Castaño—, Nicolás representa al ala agroindustrial del Caribe.
A pesar de su cercanía con el abelardismo, Barguil llega
debilitado por una feroz fractura interna dentro del Partido Conservador. Las
bancadas del interior del país se rebelaron a última hora, montando las
candidaturas alternativas de Julio Roberto Salazar (Cundinamarca) y Delcy Isaza
(Tolima). Esta canibalización azul, demuestra que la colectividad está
fracturada en su base por definir quién se queda con el trozo más grande del
pastel burocrático del nuevo gobierno.
Los pulsos de poder y la revancha judicial
Detrás de las sonrisas de instalación se esconden tres
tensiones subterráneas:
1. De la Espriella
vs. Uribe (El parricidio político): El Centro Democrático decidió plantar cara
postulando a Honorio Henríquez para el Senado. Álvaro Uribe Vélez envió un
mensaje contundente: el uribismo pura sangre reclama el liderato por derecho
propio al ser la bancada oficialista con más curules. Si De la Espriella
prefiere sostener los votos de la maquinaria tradicional de Deluque por encima
del purismo uribista, asistiremos al primer gran cisma de la derecha
contemporánea. Una decisión y reacción difícil de comprender.
2. La Comisión de
Acusación: El botín real de la Cámara no es legislativo, es penal. El nuevo
gobierno llega con sed de revancha jurídica contra Gustavo Petro y su círculo
por la financiación de la campaña de 2022. Quien controle la presidencia de la
Cámara, manejará el acelerador o el freno de la Comisión de Acusación,
convirtiendo al Congreso en un tribunal de cuentas pendientes.
El búnker del dinero y el blindaje técnico de Cambio Radical
Lejos del ruido de las plenarias, el verdadero motor de la
república estará en las Comisiones Económicas Conjuntas (Terceras y Cuartas),
donde se tramitará la reforma tributaria de urgencia del nuevo ejecutivo. En un
escenario de severa tensión fiscal, la aritmética es compleja: el Pacto
Histórico 21 integrantes listos para
hacer oposición férrea, frente a 15 del Centro Democrático, 13 del liberalismo
y 10 del conservatismo.
En este ajedrez macroeconómico, Cambio Radical emerge como
el jugador más robusto, técnico y propositivo de la coalición de gobierno.
Lejos de actuar como una bancada transaccional, el partido se ha consolidado
como el puente de estabilidad indispensable para el empresariado colombiano.
Históricamente poseedores de los cuadros más preparados en
hacienda pública, sus seis miembros clave en las comisiones económicas —con
figuras de la talla de Julio César Triana en la Cámara— serán los encargados de
presidir y destrabar los consensos fiscales. El partido ya dio muestras de su
peso estratégico y de su alianza programática al asegurar la designación de
Elsa Noguera en el Ministerio de Transporte.
Cambio Radical no llega al Capitolio a reclamar burocracia
menor; ejerce un rol de co-gobierno técnico que buscará moderar las propuestas
del ejecutivo, garantizando que la nueva reforma tributaria se enfoque en el
alivio de las tarifas corporativas y la seguridad jurídica para la inversión
privada, alejando al país de la improvisación económica.
Las cartas están sobre la mesa. Si las maquinarias se
tuercen en el voto secreto, el gobierno de De la Espriella nacerá herido. Si se
imponen los acuerdos, Deluque y Barguil asumirán el trono, pero con la soga al
cuello de un presidente hiperpresidencialista y unas comisiones económicas que
no perdonarán el más mínimo error matemático.

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